¡Zaz! Ni en mi primer día de clases pude llegar temprano… Digo, pa´ no errarle.
Pues resulta que era un 4 de septiembre de hace ya unos añitos (Oh si, lo recuerdo muy bien. Léase en tono gabacho), después de recorrer los pasillos de media escuela, cheque en mi horario el # de salón que “me tocaba”. La clase ya había empezado y clásico, el primer día todos los profes son re buena onda así que no paso a mayores, sólo toque y pase al salón, obvio sin el privilegio de poder escoger mi asiento así que me aplaste en el primer lugar vacío que encontré.
El maestro paso lista: -¿Fulanito? - ¡Presente!
-¿Zutanito? -¡Presente!, -¿Menganito? –Presente!, y bla bla bla -¿Hay alguien que no haya mencionado en la lista? Todos callados y yo con la esperanza de que alguien más alzara la mano… Nadie la alzo, sólo yo. –Haber srita dígame su nombre para anotarla, dije mi nombre y la presentación de la clase continuo como si nada.
Siguiente clase… ¡Lo mismo! Yo, no aparecía en lista, repetí mi nombre al profesor en turno y me dijo: -Cómo que tu nombre se me hace conocido, creo que te acabo de pasar lista en el otro salón. ¡Glup! Efectivamente… El profe hizo evidente que me había equivocado de salón, después de escuchar susurros y burlas, me levante con una sonrisa “mienta madres” y salí del salón, camine hacía el aula de a lado y otra vez iba a entrar tarde… ¡Ps ya que! Toque y me abrió el mismo profe que me había tocado la clase anterior del salón equivocado.
YEYA.

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